La dulzura que sostiene al mundo: Anabella Azin.
Quiero que por un momento se olviden de la política y la vean como la mujer que veo yo.
Hay mujeres que ves de lejos, pero te transmiten una calma familiar.
Son las que cuidan en silencio, las que te apoyan sin pedir nada a cambio, las que encuentran su propósito sobre la marcha, las que sostienen más de lo que cualquiera alcanza a ver.
Por eso, cuando vi a Anabella en la portada de Harper’s Bazaar Ecuador, con mi traje sastre Nova, sentí algo profundo: esto no es moda, es un homenaje. Un homenaje a las mujeres que sostienen vidas enteras sin hacer ruido.
Veo a Anabella y no puedo evitar sentirla como siento a mi mamá.
Es ahora, de adulta, que lo entiendo: son tan parecidas… Ambas sostienen desde un lugar silencioso, firme y lleno de amor. Una dulzura que no adorna: sostiene. De esas mujeres que dejan su propia vida en pausa para servir a otros, como tantas veces lo hizo mi mamá.
El linaje que compartimos
A veces creemos que somos distintas… pero no lo somos.
Vengo de una familia de matriarcas: mis abuelas, mujeres que no solo tomaban decisiones, sino que lideraban la economía del hogar. Mujeres que enfrentaban lo difícil con carácter, que habían aprendido a endurecer su dulzura para sobrevivir, que sostenían desde una fortaleza que parecía inagotable.
Pero mi mamá fue distinta.
Ella fue la primera mujer que lo sostuvo todo en silencio: la que nunca se enfermaba, la que nunca se permitía caer, la que guardaba el dolor para que nosotros no lo carguemos, la que acomodó su vida para que nosotros brilláramos.
Cuánto agradecimiento siento por ella.
Ojalá pueda tomar, poco a poco, su ejemplo para ser la mamá que ella fue conmigo. Ella me enseñó que se puede trabajar en casa y maternar, que se puede ser grande en lo pequeño.
Y aunque crecí siendo “la que resolvía”, la niña fuerte y decidida, la adultez y mi hija me enseñaron otra forma de sostener:
la presencia, la pausa, el hogar.
Por eso ver a Anabella vestir Diana Erazo simplemente encaja. Ella tiene esa fuerza suave, esa entrega profunda, esa dulzura que sostiene vidas.
En ella veo el mismo hilo que une a mi mamá, a mis abuelas y a tantas mujeres ecuatorianas: una forma de sostener el mundo sin hacerlo notar.
Mi lugar hoy
Y ahora entiendo lo valioso de esa dulzura que sostiene.
Espero, con el tiempo, parecerme un poco más a mi mamá y a Anabella: mujeres que cambian el mundo con dulzura, constancia y presencia.
Hoy sé que hago más desde aquí: disfrutando a mi hija, creando moda a mi manera, habitando mi verdad. Porque sí: yo diseño para mujeres que sostienen todo. Para las que dan tanto y necesitan sentirse libres, cómodas, ellas mismas.